Il n’y a plus un bruit sur Jérusalem, plus une silhouette. Les crachats s’arrêtent en plein vol, se dispersent en molécules instantanément séchées, les claquements des fouets ne s’achèvent pas après le premier « s », puis c’est la poussière, les nuées de sable qui révèlent en se dissipant un ciel bleu étiré infiniment. Impossible de bien voir sous la seule silhouette restée visible sur quoi elle se repose ; tombeau ? Corniche abattue ? Rambarde ? Pierre de principe ? Nous poursuivons, intrigués, notre visite.
Traduction temporaire :
No hay un solo ruido en Jerusalén, ni una silueta. Los salivazos se
detienen en pleno vuelo, se dispersan en moléculas instantáneamente
secadas, los chasquidos de los látigos no se acaban tras la primera « s
», y luego está la polvareda, las nubes de arena que revelan al
disiparse un cielo azul extendido infinitamente. Imposible ver bien bajo
la única silueta que queda visible sobre qué descansa: ¿Tumba? ¿Cornisa
abatida? ¿Barandilla? ¿Piedra original? Intrigados, continuamos con
nuestra visita.
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No hay un solo ruido en Jerusalén, ni una silueta. Los salivazos se detienen en pleno vuelo, se dispersan en moléculas instantáneamente secadas, los chasquidos de los látigos no se acaban tras la primera « s », y luego está la polvareda, las nubes de arena que revelan al disiparse un cielo azul extendido infinitamente. Imposible ver bien bajo la única silueta que queda visible sobre qué descansa: ¿Tumba? ¿Cornisa abatida? ¿Barandilla? ¿Piedra original? Intrigados, continuamos con nuestra visita.
No hay un solo ruido en Jerusalén, ni una silueta. Los salivazos se detienen en pleno vuelo, se dispersan en moléculas instantáneamente secadas, los chasquidos de los látigos no se acaban tras la primera « s », y luego está la polvareda, las nubes de arena que revelan al disiparse un cielo azul extendido infinitamente. Imposible ver bien bajo la única silueta que queda visible sobre qué descansa: ¿Tumba? ¿Cornisa abatida? ¿Barandilla? ¿Piedra original? Intrigados, continuamos con [Necesario: "con" ?] nuestra visita.
No hay un solo ruido en Jerusalén, ni una silueta. Los salivazos se detienen en pleno vuelo, se dispersan en moléculas instantáneamente secadas, los chasquidos de los látigos no se acaban tras la primera « s », y luego está la polvareda, las nubes de arena que revelan al disiparse un cielo azul extendido infinitamente. Imposible ver bien bajo la única silueta que queda visible sobre qué descansa: ¿Tumba? ¿Cornisa abatida? ¿Barandilla? ¿Piedra original? Intrigados, continuamos con nuestra visita.
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