La pièce s’offre à nous dans sa plus grande longueur. Le regard bute, à gauche, et à droite, sur ces longs coffres de verre — ils sont surélevés par des tribunes de même couleur que les murs et hautes d’un mètre environ — formant un double cortège à une allée centrale et s’achevant sur une estrade de la hauteur d’une marche : elle longe le mur du fond, profonde d’un mètre cinquante, et présente sur toute la largeur de la pièce une scène étrange et composite dont l’inventaire abaisse le regard et l’affole : des saints de bois, des scènes complexes caracolant de la plus grande rugosité au plus subtil agrément, des figures allongées, agenouillées, torves ou plantées en mâts, des silhouettes naines ceinturant d’une gavotte figée la tête isolée d’une géante aux joues rougies, des sedes sapientae trapues et noires, des pétales de bois animés de visages, une ribambelle sculpturale de deux ou trois siècles.
Traduction temporaire :
La estancia se nos ofrece en su mayor longitud. La mirada tropieza, de
izquierda a derecha, con esos largos cofres de vidrio —están realzados
por tribunas de un metro aproximadamente y del mismo color que las
paredes— que forman un doble cortejo en un pasillo central y que acaban
en un estrado de la altura de un peldaño: bordea la pared del fondo, de
un metro y medio de profundidad, y presenta a todo lo ancho de la
estancia una escena extraña y compuesta cuyo inventario doblega la
mirada y la acongoja: santos de madera, escenas complejas caracoleando
entre la mayor rugosidad y la gracia más sutil, figuras alargadas,
arrodilladas, torvas o clavadas como mástiles, siluetas enanas que ciñen
con una gavota estática la cabeza aislada de una gigante de mejillas
enrojecidas, sedes sapientiae macizos y negros, pétalos de madera
animados con caras, una retahíla escultórica de dos o tres siglos.
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La estancia se nos ofrece en su mayor longitud. La mirada tropieza, a derecha e izquierda, con esos largos cofres de vidrio —están realzados por tribunas de un metro aproximadamente y del mismo color que las paredes— que forman un doble cortejo en un pasillo central y que acaban en un estrado de la altura de un peldaño: bordea la pared del fondo, de un metro y medio de profundidad, y presenta a todo lo ancho de la estancia una escena extraña y compuesta cuyo inventario doblega la mirada y acongoja: santos de madera, escenas complejas caracoleando entre la mayor rugosidad y la gracia más sutil, figuras alargadas, arrodilladas, torvas o clavadas como mástiles, siluetas enanas que ciñen con una gavota estática la cabeza aislada de una gigante de mejillas enrojecidas, sedes sapientiae macizos y negros, pétalos de madera animados con caras, una retahíla escultórica de dos o tres siglos.
La estancia se nos ofrece en su mayor longitud. La mirada tropieza, a derecha e izquierda ["de izquierda a derecha" ?], con esos largos cofres de vidrio —están realzados por tribunas de un metro aproximadamente y del mismo color que las paredes— que forman un doble cortejo en un pasillo central y que acaban en un estrado de la altura de un peldaño: bordea la pared del fondo, de un metro y medio de profundidad, y presenta a todo lo ancho de la estancia una escena extraña y compuesta cuyo inventario doblega la mirada y ["la"] acongoja: santos de madera, escenas complejas caracoleando entre la mayor rugosidad y la gracia más sutil, figuras alargadas, arrodilladas, torvas o clavadas como mástiles, siluetas enanas que ciñen con una gavota estática la cabeza aislada de una gigante de mejillas enrojecidas, sedes sapientiae macizos y negros, pétalos de madera animados con caras, una retahíla escultórica de dos o tres siglos.
La estancia se nos ofrece en su mayor longitud. La mirada tropieza, de izquierda a derecha, con esos largos cofres de vidrio —están realzados por tribunas de un metro aproximadamente y del mismo color que las paredes— que forman un doble cortejo en un pasillo central y que acaban en un estrado de la altura de un peldaño: bordea la pared del fondo, de un metro y medio de profundidad, y presenta a todo lo ancho de la estancia una escena extraña y compuesta cuyo inventario doblega la mirada y la acongoja: santos de madera, escenas complejas caracoleando entre la mayor rugosidad y la gracia más sutil, figuras alargadas, arrodilladas, torvas o clavadas como mástiles, siluetas enanas que ciñen con una gavota estática la cabeza aislada de una gigante de mejillas enrojecidas, sedes sapientiae macizos y negros, pétalos de madera animados con caras, una retahíla escultórica de dos o tres siglos.
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