—Pauvre gosse, avait dit l’homme au ventre mou. Pauvre gosse, qui a tout vu. Et il lui avait doucement caressé les cheveux. Puis il avait sorti de sa poche une tablette de chocolat. C’était du chocolat au lait. L’enfant avait senti la salive brûler son palais desséché. « T’as faim, toi, hein ? avait soufflé l’homme au ventre mou. T’as faim, pauvre gosse. Alors prends-la… Je la gardais pour mon petit creux de minuit, mais vas-y, prends-la… prends-la, je te dis. » L’homme au ventre mou avait fourré la tablette dans la main de l’enfant. Et l’enfant l’avait aussitôt haï. Pas seulement parce que sa grosse main d’homme en uniforme était aussi tiède et molle que son ventre proéminent. Mais parce que sa pitié venait de rendre certaine, définitive et inoubliable l’humiliation que papa venait de subir.
Traducción transitoria:
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre
chiquillo que lo ha visto todo. Y le había acariciado el cabello con
dulzura. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate.
De chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su
paladar reseco. «Tienes hambre, ¿eh?, había susurrado el hombre de la
barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, tómala… La estaba
guardando para aplacar el gusanillo de media noche, pero anda, tómala…
tómala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había puesto la tableta
en la mano del niño. Y el niño enseguida lo había odiado. No solamente
porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su
barriga prominente, sino también porque su piedad acababa de volver
cierta, definitiva e inolvidable la humillación que papá acababa de
sufrir.
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—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo había visto todo. Y le había acariciado dulcemente el cabello. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. Era de chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tú tienes hambre, ¿eh?, había soplado el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, agárrala… La estaba guardando para mi gusanillo de media noche, pero adelante, agárrala… agárrala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había metido la tableta en la mano del niño. Y el niño lo había odiado apenas lo hizo. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, pero también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación por la que papá acababa de pasar.
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo había [Temps] visto todo. Y le había acariciado dulcemente ["con dulzura" + syntaxe] el cabello. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. Era [Supprime] de chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tú [Supprime] tienes hambre, ¿eh?, había soplado [Mal dit] el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, agárrala [Avec "tomar"]… La estaba guardando para mi gusanillo [C'est une expression, il faut la transcrire en entier] de media noche, pero adelante [Mal dit, ici], agárrala… agárrala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había metido [FS] la tableta en la mano del niño. Y el niño lo había odiado apenas lo hizo [Reformule = "aussitôt"]. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, pero [Gram] también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación por la que papá acababa de pasar [Avec "sufrir" ?].
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo ha visto todo. Y le había acariciado el cabello con dulzura. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. De chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tienes hambre, ¿eh?, había sussurado el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, tómala… La estaba guardando para cuando tuviera el gusanillo de media noche, pero anda, agárrala… agárrala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había puesto la tableta en la mano del niño. Y el niño lo había odiado cuando lo hizo. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, sino también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación que papá acababa de sufrir.
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo ha visto todo. Y le había acariciado el cabello con dulzura. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. De chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tienes hambre, ¿eh?, había sussurado el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, tómala… La estaba guardando para cuando tuviera [Non, juste "aplacar" ou "matar"] el gusanillo de media noche, pero anda, agárrala [Avec "tomar"]… agárrala [Avec "tomar"], te digo.» El hombre de la barriga fofa había puesto la tableta en la mano del niño. Y el niño lo había odiado cuando lo hizo [Non, tu reformules, V.O.]. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, sino también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación que papá acababa de sufrir.
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo ha visto todo. Y le había acariciado el cabello con dulzura. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. De chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tienes hambre, ¿eh?, había sussurado el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, tómala… La estaba guardando para aplacar mi gusanillo de media noche, pero anda, tómala… tómala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había puesto la tableta en la mano del niño. Y el niño enseguida lo había odiado. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, sino también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación que papá acababa de sufrir.
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo ha visto todo. Y le había acariciado el cabello con dulzura. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. De chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tienes hambre, ¿eh?, había sussurado el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, tómala… La estaba guardando para aplacar mi ["el"] gusanillo de media noche, pero anda, tómala… tómala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había puesto la tableta en la mano del niño. Y el niño enseguida lo había odiado. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, sino también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación que papá acababa de sufrir.
—Pobre chiquillo, había dicho el hombre de la barriga fofa. Pobre chiquillo que lo ha visto todo. Y le había acariciado el cabello con dulzura. Después, había sacado de su bolsillo una tableta de chocolate. De chocolate con leche. El niño había sentido la saliva quemar su paladar reseco. «Tienes hambre, ¿eh?, había susurrado el hombre de la barriga fofa. Tienes hambre, pobre chiquillo. Anda, tómala… La estaba guardando para aplacar el gusanillo de media noche, pero anda, tómala… tómala, te digo.» El hombre de la barriga fofa había puesto la tableta en la mano del niño. Y el niño enseguida lo había odiado. No solamente porque la mano gorda del hombre uniformado era tan cálida y fofa como su barriga prominente, sino también porque su piedad acababa de volver cierta, definitiva e inolvidable la humillación que papá acababa de sufrir.
OK.
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