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jeudi 2 juillet 2015

de Mars 106

Cette tête décollée, à peine plus grande qu’une tête d’enfant, pousse à l’ombre surdimensionnée d’une incroyable tête de femme : la calotte crânienne en semble démontable, comme celle de certains reliquaires que C. et moi avons vus à la Pinacoteca de Siena (la main, en plongeant dans la tête sage, ravit et déroule une cervelle en turbans de tissu. Tombent au sol les lettres roses qui composent le nom «Constantinople»).

Traduction temporaire :
Esta cabeza despegada, apenas más grande que la de un niño, crece bajo la sombra sobredimensionada de una increíble cabeza de mujer: la bóveda craneal parece desmontable, como la de algunos relicarios que C. y yo hemos visto en la Pinacoteca de Siena (la mano, hundiéndose en la sabia cabeza, arrebata y desenrolla unos sesos de turbantes de tela. Caen al suelo las letras rosas que componen el nombre «Constantinopla»). 

4 commentaires:

JM Sánchez a dit…

Esta cabeza despegada, apenas más grande que la de un niño, empuja a la sombra sobredimensionada de una increíble cabeza de mujer: la bóveda craneal parece desmontable, como la de algunos relicarios que C. y yo hemos visto en la Pinacoteca de Siena (la mano, hundiéndose en la sabia cabeza, arrebata y desenrolla unos sesos de turbantes de tela. Al suelo caen las letras rosas que componen el nombre «Constantinopla»).

Elena a dit…

Esta cabeza despegada, apenas más grande que la de un niño, empuja ["crece"] a ["bajo" ?] la sombra sobredimensionada de una increíble cabeza de mujer: la bóveda craneal parece desmontable, como la de algunos relicarios que C. y yo hemos visto en la Pinacoteca de Siena (la mano, hundiéndose en la sabia cabeza, arrebata y desenrolla unos sesos de turbantes de tela. Al suelo caen [Y si lo pones al principio?] las letras rosas que componen el nombre «Constantinopla»).

JM Sánchez a dit…

Esta cabeza despegada, apenas más grande que la de un niño, crece bajo la sombra sobredimensionada de una increíble cabeza de mujer: la bóveda craneal parece desmontable, como la de algunos relicarios que C. y yo hemos visto en la Pinacoteca de Siena (la mano, hundiéndose en la sabia cabeza, arrebata y desenrolla unos sesos de turbantes de tela. Caen al suelo las letras rosas que componen el nombre «Constantinopla»).

Elena a dit…

OK.