Si nous l’avons désormais vue assez souvent, la plus impossible des images (associée parfois à la Passion ou bien dans le miroir cosmique d’un couronnement) la représentation du Père s’écartait de l’épreuve dans le sacrifice qui n’appartient pas à Celui qui dans cette substance, dans cette hypostase, n’est pas en jeu. Devant mes yeux, aujourd’hui, taillé abruptement dans un bois clair et serré comme du tilleul, le Père tient le rôle habituellement dévoué à Marie : Il soutient le Christ mort avec tendresse et gravité.
Traduction temporaire :
Si en adelante la hemos visto bastante a menudo, la más imposible de las
imágenes (asociada a veces a la Pasión o bien en el espejo cósmico de
una coronación), la representación del Padre se separaba de la prueba en
el sacrificio que no le pertenece a Quien en esta substancia, en esta
hipóstasis, no está puesto en juego. Ante mis ojos, hoy, tallado
abruptamente en una madera clara y compacta de tilo, el Padre tiene el
papel habitualmente atribuido a María: sostiene al Cristo muerto con
ternura y gravedad.
4 commentaires:
Si en adelante la hemos visto bastante a menudo, la más imposible de las imágenes (asociada a veces a la Pasión o bien en el espejo cósmico de una coronación), la representación del Padre se separaba de la prueba en el sacrificio que no pertenece a Quien en esta substancia, en esta hipóstasis, no está en juego. Ante mis ojos, hoy, tallado abruptamente en una madera clara y compacta de tilo, el Padre tiene el papel habitualmente atribuido a María: sostiene al Cristo muerto con ternura y gravedad.
Si en adelante la hemos visto bastante a menudo, la más imposible de las imágenes (asociada a veces a la Pasión o bien en el espejo cósmico de una coronación), la representación del Padre se separaba de la prueba en el sacrificio que no [+ "le" ?] pertenece a Quien en esta substancia, en esta hipóstasis, no está en juego [No queda muy claro... "no está puesto en juego"?]. Ante mis ojos, hoy, tallado abruptamente en una madera clara y compacta de tilo, el Padre tiene el papel habitualmente atribuido a María: sostiene al Cristo muerto con ternura y gravedad.
Si en adelante la hemos visto bastante a menudo, la más imposible de las imágenes (asociada a veces a la Pasión o bien en el espejo cósmico de una coronación), la representación del Padre se separaba de la prueba en el sacrificio que no le pertenece a Quien en esta substancia, en esta hipóstasis, no está puesto en juego. Ante mis ojos, hoy, tallado abruptamente en una madera clara y compacta de tilo, el Padre tiene el papel habitualmente atribuido a María: sostiene al Cristo muerto con ternura y gravedad.
OK.
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